Premio Nobel de Química 2026. (Premio Nobel)
Por Noureddine Khiar, investigador principal del grupo Síntesis Asimétrica y Nanosistemas Funcionales
La Real Academia Sueca de Ciencias ha concedido el Premio Nobel de Química 2026 a Henri B. Kagan y Kenso Soai por sus trabajos sobre los efectos no lineales y la autocatálisis en síntesis orgánica asimétrica, descubrimientos que ayudaron a explicar cómo una pequeña asimetría molecular puede amplificarse hasta generar sistemas dominados por una sola de las dos imágenes especulares posibles de una molécula, es decir, por un único enantiómero.
Para muchos químicos, el anuncio tuvo además una lectura inmediata: por fin, Kagan. Su nombre había quedado fuera del Nobel de Química de 2001, concedido a William Knowles, Ryoji Noyori y Barry Sharpless por el desarrollo de la catálisis asimétrica. Desde entonces, numerosos investigadores consideraron que Kagan, pionero esencial del campo, merecía haber estado entre los galardonados de aquella edición. Kagan fue uno de los grandes arquitectos de la síntesis asimétrica moderna. En 1971 desarrolló DIOP, una difosfina quiral bidentada con simetría C₂ que ayudó a establecer una idea fundamental: la simetría y la geometría tridimensional de un ligando podían diseñarse para controlar qué enantiómero produce una reacción. Ese concepto tendría una enorme influencia en el desarrollo posterior de ligandos quirales y de la catálisis asimétrica moderna. Su trayectoria científica fue, sin embargo, mucho más amplia. Entre sus numerosas contribuciones se encuentran también la síntesis asimétrica de sulfóxidos quirales y la introducción del yoduro de samario(II), SmI₂, conocido como reactivo de Kagan, que se convertiría en una herramienta fundamental para reducciones, ciclizaciones radicalarias y formación de enlaces carbono-carbono.
Pero su contribución decisiva al Nobel de 2026 llegó en 1986, cuando demostró los llamados efectos no lineales: una pequeña diferencia en la composición enantiomérica de un catalizador puede traducirse en una diferencia mucho mayor en el producto. La química, por tanto, puede amplificar la asimetría. Hasta entonces se asumía de forma casi intuitiva que la pureza enantiomérica del producto debía variar proporcionalmente a la del catalizador. Los experimentos de Kagan demostraron que la relación podía ser mucho más compleja y, en determinadas condiciones, conducir a una amplificación muy marcada de la quiralidad. Kenso Soai llevó este principio todavía más lejos. En 1995 describió una reacción de autocatálisis asimétrica en la que el propio producto quiral cataliza su formación. Una ligera ventaja inicial de uno de los enantiómeros genera progresivamente más moléculas de esa misma configuración, amplificando el desequilibrio. La relevancia de estos descubrimientos va mucho más allá de la síntesis orgánica. La vida presenta una característica extraordinaria: sus principales moléculas biológicas muestran una fuerte preferencia por una de sus dos formas quirales. Los aminoácidos que forman las proteínas pertenecen casi exclusivamente a la serie L, mientras que los azúcares presentes en el ADN y el ARN pertenecen a la serie D. Esta propiedad, conocida como homoquiralidad, es esencial para el funcionamiento de los sistemas biológicos. Los trabajos de Kagan y Soai no explican definitivamente cómo surgió esta preferencia en la Tierra primitiva, pero sí demostraron algo fundamental: una asimetría inicialmente minúscula puede amplificarse, mediante procesos puramente químicos, hasta generar un sistema dominado casi por completo por una sola forma quiral. Por eso el Nobel de 2026 conecta la capacidad de los químicos para controlar la estructura tridimensional de las moléculas con una de las grandes preguntas sobre el origen de la vida: ¿cómo pudo surgir una preferencia tan marcada por una de las dos formas posibles de las moléculas quirales?
Y, después de décadas de influencia en la catálisis, la estereoquímica y la síntesis orgánica moderna, el anuncio tiene también un significado especialmente sencillo: Por fin, Kagan.


